Statement on Dobbs

June 24, 2022

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The U.S. Supreme Court decision in Dobbs v Jackson Women’s Health Organization corrects the grave injustice introduced in 1973 by Roe v Wade, when we, as a country, denied the right of the preborn to exist. Now, the legality of abortion rests with the states.

The Catholic Church teaches that all human life possesses inherent dignity from the moment of conception to natural death and beyond. We advocate for the protection of human life in keeping with the common good.  The gift from God of life is sacred, regardless of appearance or age. Therefore, as Archbishop Anthony Fisher, OP, of Sydney, Australia, has commented, we want to be “in solidarity with those who wish to migrate from the womb to the world.” Our advocacy applies for every person, both mother and preborn child. We encourage lawmakers to prioritize policies that affirm dignity and life, and support women, children and families.

The Catholic Church has a long history of assisting pregnant and parenting mothers by providing health care and social services. We will continue to accompany women and couples facing unexpected or difficult pregnancies, offering them love and compassionate care.

It is our hope that as citizens and residents of this country, we can remain engaged and find common ground even if we hold differing viewpoints. May we abide as true neighbors despite our differences, and respect each other’s dignity through civil discourse. As the social doctrine of the Church envisions, may we be become “people capable of bringing peace where there is conflict, of building and nurturing fraternal relationships where there is hatred, of seeking justice where there prevails the exploitation of man by man. Only love is capable of radically transforming the relationships that (humans) maintain among themselves.”\


La decisión de la Corte Suprema de los EE. UU. en Dobbs v Jackson Women’s Health Organization corrige la grave injusticia introducida en 1973 por Roe v Wade, cuando nosotros, como país, negamos el derecho a existir de los no nacidos. Ahora, la legalidad del aborto recae en los estados.

La Iglesia Católica enseña que toda vida humana posee una dignidad inherente desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y más allá. Abogamos por la protección de la vida humana en consonancia con el bien común. El regalo de Dios de la vida es sagrado, independientemente de la apariencia o la edad. Por lo tanto, como ha comentado el arzobispo Anthony Fisher, OP, de Sydney, Australia, queremos ser “solidarios con aquellos que desean migrar desde el útero materno al mundo”. Nuestra defensa se aplica a todas las personas, tanto a la madre como al niño por nacer. Alentamos a los legisladores a priorizar políticas que afirmen la dignidad y la vida, y apoyen a las mujeres, los niños y las familias.

La Iglesia Católica tiene una larga historia de ayudar a las madres embarazadas y madres brindándoles atención médica y servicios sociales. Continuaremos acompañando a mujeres y parejas que enfrentan embarazos inesperados o difíciles, ofreciéndoles amor y atención compasiva.

Tenemos la esperanza de que, como ciudadanos y residentes de este país, podamos seguir comprometidos y encontrar puntos en común, incluso si tenemos puntos de vista diferentes. Permanezcamos como verdaderos prójimos a pesar de nuestras diferencias y respetemos la dignidad de los demás a través del discurso civil. Como prevé la doctrina social de la Iglesia, pueden llegar a ser “personas capaces de llevar la paz donde hay conflicto, de construir y cultivar relaciones fraternas donde hay odio, de buscar la justicia donde prevalece la explotación del hombre por el hombre. Solamente el amor es capaz de transformar radicalmente las relaciones que (los humanos) mantienen entre sí”.