Bishop's Holy Week Message

by Bishop Joensen | April 6, 2020

Bishop William Joensen

Dear Friends in Christ,

Throughout this Lent, we have been compelled to fast from our shared presence with one another and with God in worship and common prayer.  This adopted “absence” is most acutely felt now as we enter Holy Week, beginning with Palm Sunday and cresting with the Easter celebration of Jesus’ Resurrection.  

The Body of Christ still lives and breathes, sighs and keeps watch with Jesus as we seek the mercy and joy that he alone can bring us.  I especially want you to believe that though you may not have been able to go to confession, be anointed or receive Eucharist, God’s compassion and saving love seek you out wherever you are: at home, in hospitals or nursing homes, in places of shelter or outdoors. 

In these extraordinary days, there has been frequent mention of opportunities for what is called a “plenary indulgence” for ourselves and those for whom we pray.  A plenary indulgence removes all the temporal punishment due to sin (Catechism of the Catholic Church n. 1471).  It is an act of trust that thanks to the merits of Christ’s cross, the Church through the power of the keys entrusted to Peter and his successor Pope Francis can provide a healing remedy for us poor sinners and channel grace to all who are hurting or sick, before and after death.

During this time of pandemic, a plenary indulgence is available not only to the sick or to health care workers, but for all the Catholic faithful.  We should express our spirit of detachment from any sin, (e.g., by saying, “I hate sin”), have the intention to go to Confession and receive Holy Communion when it is eventually possible again, and right now, pray for the Pope’s intentions in one of various ways: make a visit to the Blessed Sacrament, read Scripture for at least 30 minutes, pray the Rosary, make the Way of the Cross, recite the Divine Mercy chaplet or the Litany of the Sacred Heart for the following intentions: an end to the pandemic, relief for those afflicted, and eternal salvation for those who have died.

Be clear:  no one during these challenging days is denied the grace of salvation, which stands abundantly available to all.  We should find solace and consolation, and be thankful that with great charity for our neighbor we can be good stewards of the life and faith given to us. 

And in a joyful, positive spirit, I heartily recommend  you look at the suggested Family Practices (worthwhile for individuals, of course) that you might try during this week’s Triduum—the three days of Holy Thursday, Good Friday, and Holy Saturday.  Thanks to our Diocesan Pastoral Center Staff (John Gaffney, Adam Storey, Mayra Moriel de Banuelos, Jessica Hernandez, Frs. Trevor Chicoine and Michael Amadeo) who assembled these resources.

If that isn’t enough, you might check out my most recent YouTube message. And, if you don’t tune into your own parish’s live-streamed celebration of the Triduum and Easter, we will be streaming our liturgies from St. Ambrose Cathedral on Holy Thursday at 5:30 p.m., Good Friday at 3 p.m., Holy Saturday Easter Vigil at 8 p.m., and Easter Sunday at 10:30 a.m.

Jesus is the heralded Messiah whose entry into Jerusalem is met with great acclaim before his former fans fall silent. Jesus is the light that scatters darkness and all that holds us bound, including the specter of disease.  We do not leave Jesus alone this Holy Week, for we believe that he loves us and suffers for us, with us.   We love you, Jesus!  We want to live with you, now and forever!

 Faithfully in Christ,

 Most Rev. William M. Joensen, Ph.D.

Bishop of Des Moines

Queridos Amigos en Cristo,

En el transcurso de esta Cuaresma, nos hemos visto obligados a ayunar de nuestra presencia compartida entre nosotros y con Dios en la adoración y la oración común.  Esta "ausencia" adoptada se siente aún más fuerte ahora al entrar a la Semana Santa, comenzando con el Domingo de Ramos y llegando a su punto máximo con la celebración de la Pascua de la resurrección de Jesús.

El Cuerpo de Cristo aún vive y respira, suspira y vigila con Jesús mientras buscamos la misericordia y el gozo que sólo él puede traernos.  Especialmente quiero que crean que, aunque no hayan podido ir a confesarse, no hayan recibido la unción o la Eucaristía, la compasión de Dios y el amor salvador está buscándoles dondequiera que estén: en casa, en hospitales o asilos de ancianos, en lugares de refugio o al aire libre.

En estos días extraordinarios, se ha mencionado con frecuencia las oportunidades para recibir lo que se llama una "Indulgencia Plenaria" para nosotros y para aquellos por quienes oramos.  Una indulgencia plenaria elimina todo el castigo temporal debido al pecado (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1471).  Es un acto de confianza que, gracias a los méritos de la cruz de Cristo, la Iglesia a través del poder de las llaves confiadas a Pedro y a su sucesor el Papa Francisco puede proporcionar un remedio curativo para nosotros los pobres pecadores y canalizar la gracia a todos los que están sufriendo o enfermos, antes y después de la muerte.

Durante este tiempo de pandemia, una indulgencia plenaria está disponible no sólo para los enfermos o para los trabajadores de la salud, sino para todos los fieles católicos.  Debemos expresar nuestro espíritu de desapego de cualquier pecado, (por ejemplo, diciendo, "Odio el pecado"), tener la intención de ir a la Confesión y recibir la Santa Comunión cuando finalmente sea posible hacerlo de nuevo, y ahora mismo, orar por las intenciones del Papa de varias maneras: hacer una visita al Santísimo Sacramento, leer la Escritura durante al menos 30 minutos, rezar el Rosario, rezar un Viacrucis, rezar la coronilla de la Divina Misericordia o la Letanía del Sagrado Corazón por las siguientes intenciones: el fin de la pandemia, el alivio para los afligidos y la salvación eterna para los que han muerto.

Tenga claro: a nadie durante estos días desafiantes se le niega la gracia de la salvación, que está abundantemente disponible para todos.  Debemos encontrar refugio y consuelo, y estar agradecidos de la gran caridad de nuestro prójimo y convertirnos en fieles custodios de la vida y la fe que se nos han dado.  Y con un espíritu alegre y positivo, les recomiendo de todo corazón que miren los documentos adjuntos de recursos sugeridos para las familias (los que deseen, por supuesto) y que los pongan en práctica durante el Triduo de esta semana, los tres días del Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo.  Agradezco a nuestro Personal del Centro Pastoral Diocesano (John Gaffney, Adam Storey, Mayra Moriel de Banuelos, Jessica Hernández, Los P. Trevor Chicoine y Michael Amadeo) por haber reunido estos recursos.

Si eso no es suficiente, puede mirar mi mensaje más reciente de YouTube message. Y, si no sintoniza la celebración en vivo de su propia parroquia del Triduo y Pascua, puede mirar la que transmitiremos desde la Catedral de San Ambrosio el Jueves Santo a las 5:30 p.m., Viernes Santo a las 3 p.m., Vigilia de Pascua a las 8 p.m. y Domingo de Pascua a las 10:30 a.m.

Jesús es el Mesías anunciado cuya entrada en Jerusalén se encuentra con gran aclamación antes de que sus antiguos seguidores se quedaran en silencio. Jesús es la luz que dispersa las tinieblas y todo lo que nos mantiene unidos, incluyendo el espectro de la enfermedad.  No dejemos a Jesús solo esta Semana Santa, porque creemos que nos ama y sufre por nosotros, con nosotros.   ¡Te amamos, Jesús!  ¡Queremos vivir contigo, ahora y para siempre!

Fielmente en Cristo

Reverendísimo William M. Joensen, Ph.D.

Obispo of Des Moines

 

Bishop Joensen

Diocese of Des Moines Bishop William Joensen